En un mundo cada vez más interconectado, las uniones entre personas de distintos orígenes culturales y étnicos se multiplican. Como resultado, las identidades mestizas están en aumento: en Estados Unidos, más del 10 % de la población se identifica como de dos o más razas, y en estados como Texas, esta cifra alcanza casi a una de cada cinco personas. Sin embargo, detrás de las estadísticas se esconde una realidad mucho más matizada. La identidad mestiza, aunque a menudo se presenta como símbolo de progreso o apertura, no borra automáticamente las desigualdades ni garantiza aceptación.

Ese es el punto de partida del análisis propuesto por Léwis Verdun en su libro ¿Identidad mestiza: una fortaleza o una dificultad?, publicado por Five Minutes en la colección REGARDS CROISÉS. A través de un enfoque riguroso que combina sociología, psicología y datos recientes (2021–2025), este libro ofrece una síntesis equilibrada y bien documentada de un tema a menudo idealizado o simplificado en exceso.

Inspirados por esta reflexión, en este artículo ampliamos la perspectiva hacia una cuestión fundamental: ¿cómo pueden las instituciones, el sistema de salud y los medios de comunicación reconocer y acompañar mejor las identidades mestizas? Porque el mestizaje no es una solución en sí misma, sino una realidad vivida que merece un enfoque colectivo más profundo.

El mito del mestizaje “feliz”: entre invisibilización y exigencias sociales

Durante mucho tiempo, la identidad mestiza se ha presentado como la solución ideal al racismo: una mezcla armoniosa que borraría las diferencias. Pero como revela este libro, esta visión optimista puede ocultar estructuras de poder y formas específicas de discriminación que afectan a las personas mestizas.

Basándose en investigaciones publicadas en Frontiers in Psychology y Mental Health America, Verdun muestra que muchas personas mestizas viven conflictos identitarios profundos: el sentimiento de no ser “suficientemente” parte de ningún grupo, la dificultad de identificarse con una comunidad concreta, o la presión constante de definirse según la mirada ajena.

Además, muchas políticas públicas y formularios oficiales siguen obligando a elegir una sola categoría étnica, lo que genera una forma de borrado simbólico y administrativo. Así, la mezcla cultural no se percibe como una riqueza, sino como un “problema de clasificación”.

Este mito del mestizaje feliz, aunque bien intencionado, silencia las vivencias ambivalentes, las microagresiones y las desigualdades sistémicas. Por ello, es urgente deconstruirlo para avanzar hacia una comprensión más justa y realista.

Identidades múltiples y salud mental: una vulnerabilidad poco reconocida

Las personas mestizas no constituyen un grupo homogéneo. Sin embargo, diversos estudios clínicos y sociológicos revelan una tendencia común: mayor riesgo de ansiedad, depresión y aislamiento social.

Según un análisis del Milbank Quarterly citado en el libro, los jóvenes adultos multirraciales sufren más episodios de angustia psicológica que sus pares monoétnicos. Esta vulnerabilidad se relaciona con la inestabilidad identitaria, la falta de referentes claros y la exposición continua a estereotipos contradictorios.

En una sociedad donde la norma sigue siendo la identidad única, las identidades híbridas se perciben a veces como “anormales” o “ambiguas”, lo que puede generar un malestar profundo.

De ahí la necesidad, según el autor, de aplicar políticas de salud mental más inclusivas, que integren las experiencias específicas de las personas mestizas. Esto implica formar a los profesionales, adaptar los protocolos de diagnóstico y mejorar la recolección de datos demográficos.

Resiliencia, creatividad y adaptación: los recursos del mestizaje

A pesar de los desafíos, el libro ¿Identidad mestiza: una fortaleza o una dificultad? no es pesimista. Al contrario, demuestra que muchas personas mestizas desarrollan habilidades específicas que representan verdaderos activos personales y sociales.

Entre las fortalezas que identifica el autor se encuentran:

  • Adaptabilidad: capacidad de moverse entre diferentes contextos culturales

  • Creatividad: riqueza de experiencias y diversidad de referencias culturales

  • Resiliencia: manejo temprano de la complejidad y superación de estereotipos

  • Competencia intercultural: habilidad para actuar como puente entre distintos grupos

Estas competencias no solo son valiosas a nivel personal. También representan un potencial estratégico para empresas, escuelas, instituciones públicas y organizaciones sociales. De ahí la importancia de valorar activamente las identidades mixtas, más allá de los discursos superficiales sobre la “diversidad”.

Hacia una sociedad que reconozca las identidades mixtas

Para avanzar hacia una inclusión real, el libro propone varias líneas de acción concretas, que aquí resumimos:

Recomendaciones prácticas:

  • Mejorar la recolección de datos: permitir marcar múltiples orígenes étnicos en formularios oficiales y médicos

  • Formar a los profesionales de salud mental: integrar la realidad de las personas mestizas en sus protocolos y prácticas

  • Revisar los discursos dominantes: fomentar representaciones complejas y positivas en los medios y la educación

  • Reconocer trayectorias específicas: no minimizar los desafíos del mestizaje, sin caer en la victimización

No se trata de aislar la identidad mestiza del debate sobre el racismo estructural, sino de integrarla plenamente, ya que permite visibilizar las jerarquías raciales persistentes en sociedades que se definen como “postraciales”.

Con una mirada crítica, accesible y documentada, el libro de Léwis Verdun se convierte así en una herramienta clave para repensar las políticas públicas, la inclusión y la salud mental en nuestras sociedades multiculturales.

Descubre ¿Identidad mestiza: una fortaleza o una dificultad? ahora en Five Minutes.