Nuestra percepción del mundo nunca es neutral. Está influenciada, estructurada y a veces manipulada por representaciones simbólicas poderosas: los mapas. Si durante siglos los mapas geográficos moldearon nuestra comprensión de los territorios, existe otro tipo de mapa igual de determinante: los mapas mentales. Estos esquemas internos, construidos a partir de nuestras experiencias, educación y narrativas colectivas, determinan cómo vemos la sociedad, a los demás y a nosotros mismos. En este artículo, exploramos el poder invisible de los mapas mentales en la vida cotidiana, en sintonía con el mensaje del libro Cómo los mapas han moldeado nuestra visión del mundo, de Léwis Verdun.

Lo que revelan los mapas mentales sobre nuestra forma de pensar

Los mapas mentales son representaciones subjetivas del mundo que cada persona construye de manera inconsciente. No solo sirven para organizar ideas en una lluvia de ideas, sino que influyen profundamente en cómo reaccionamos ante los acontecimientos, tomamos decisiones y comprendemos las relaciones de poder.

Por ejemplo, una persona criada en un entorno que valora el individualismo tenderá a organizar su mapa mental alrededor del éxito personal. En cambio, otra persona educada en una cultura comunitaria priorizará la solidaridad y la interdependencia.

Estas representaciones internas no son fijas. Evolucionan a medida que aprendemos, leemos o viajamos. Sin embargo, siguen estando profundamente influenciadas por marcos culturales dominantes, a menudo invisibles, como demuestra Léwis Verdun al señalar la hegemonía de la proyección de Mercator, que sitúa a Europa en el centro y agranda el hemisferio norte.

Por qué algunos mapas dominan nuestro imaginario colectivo

Al igual que los mapas geográficos, ciertos mapas mentales se han impuesto no por su precisión, sino por su poder de influencia. ¿Por qué seguimos utilizando representaciones distorsionadas? Porque responden a intereses dominantes.

Así como la proyección de Mercator se utilizó para reforzar la dominación colonial, ciertas representaciones mentales se perpetúan en nuestras sociedades: el éxito asociado al dinero, la estabilidad ligada al modelo occidental o la jerarquía del conocimiento.

Estos mapas mentales se manifiestan en el lenguaje, en las políticas públicas, en los medios de comunicación, y rara vez se cuestionan. Sin embargo, al tomar conciencia de estos sesgos cognitivos colectivos, podemos comenzar a reprogramar nuestros propios esquemas internos. Al igual que ocurre con los mapas geográficos, existen alternativas: proyecciones más justas y representaciones que integran la diversidad y las voces invisibilizadas.

Repensar nuestras representaciones a través de la contracartografía

La contracartografía es un movimiento que busca crear mapas alternativos, elaborados por y para comunidades marginadas. También es una invitación a repensar nuestros propios marcos mentales.

En su libro, Léwis Verdun destaca numerosos ejemplos de estas prácticas transformadoras: cartografía comunitaria en la Amazonía, mapas para la justicia ambiental, o proyectos educativos que integran narrativas indígenas.

Estas iniciativas no solo “corrigen” errores. Transforman el marco mismo de representación. Demuestran que lo que decidimos cartografiar —y lo que dejamos fuera— refleja decisiones políticas, culturales y éticas.

Del mismo modo, repensar nuestros mapas mentales nos permite integrar perspectivas que durante mucho tiempo han sido excluidas: las de las mujeres, los pueblos indígenas, los jóvenes, las minorías y los seres no humanos. Es un proceso profundamente transformador, tanto a nivel individual como colectivo.

Ejercicios prácticos para identificar y transformar tus mapas mentales

Trabajar en tus mapas mentales es como revisar el plano de una ciudad que creías inmutable. Aquí tienes algunas acciones concretas para comenzar:

1. Identifica tus creencias dominantes
Haz una lista de las ideas que consideras "evidentes" sobre el éxito, la familia, el amor, el trabajo... Luego pregúntate de dónde vienen.

2. Busca representaciones alternativas
Explora narrativas de otras culturas, clases sociales o experiencias de vida. Lee autores diversos, escucha pódcasts internacionales o examina mapas alternativos (como la proyección de Peters o los mapas del Sur global).

3. Visualiza tu propio mapa mental
Dibuja tu visión actual del mundo: ¿qué está en el centro? ¿Qué zonas están bien representadas? ¿Cuáles son difusas o inexistentes? Esto te ayudará a detectar tus puntos ciegos.

4. Practica la escucha activa y la autocrítica
Conversar con personas que tienen puntos de vista muy distintos, sin buscar convencerlas, te permite identificar momentos de resistencia interna: señales de tensiones en tu mapa mental.

5. Actualiza tus referencias con regularidad
Al igual que los mapas físicos, tus representaciones deben actualizarse. Lee, viaja, fórmate. Cada nueva experiencia puede enriquecer tu mapa personal del mundo.

Nuestro mundo interior está tan cartografiado como el planeta. Y al igual que los mapas han servido para dominar, excluir o visibilizar, nuestros mapas mentales moldean nuestra manera de habitar el mundo. Por eso, transformarlos es una clave esencial para construir un futuro más justo.

En Cómo los mapas han moldeado nuestra visión del mundo, Léwis Verdun nos recuerda que la geografía no es solo conocimiento técnico: es un espejo de nuestras decisiones colectivas. Su libro, breve pero potente, ilumina los vínculos entre representación, poder y transformación. Nos invita a cuestionar los mapas que seguimos sin pensar —los del papel y los de la mente.

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