A medida que los consumidores exigen mayor transparencia y los reguladores imponen normas más estrictas, la ética empresarial ha dejado de ser un tema secundario para convertirse en un asunto estratégico, incluso vital. El libro La era del negocio ético: ¿revolución o moda pasajera? de Léwis Verdun, publicado por Five Minutes, ofrece un análisis profundo de esta transformación. Sin revelar su contenido, este artículo propone explorar una cuestión relacionada pero clave: ¿cómo puede la ética convertirse en una ventaja competitiva en un contexto de transición sostenible y digital?

Lejos de oponer ética y rendimiento, cada vez más líderes buscan reconciliarlos. Pero ¿es esta evolución sincera o solo una estrategia oportunista? Y sobre todo, ¿qué palancas concretas permiten integrar la ética sin comprometer la competitividad?

Abordamos esta problemática desde tres ángulos: la regulación, la presión social y la innovación tecnológica.

El despertar normativo: ¿restricción o acelerador?

Desde 2024, el marco regulador europeo se ha endurecido significativamente. Entre la CSRD (Directiva sobre informes de sostenibilidad corporativa), la CSDDD (Directiva sobre diligencia debida empresarial en sostenibilidad) y la directiva sobre alegaciones ecológicas, las empresas están obligadas a justificar sus compromisos éticos bajo pena de sanciones.

Este cambio tiene un doble impacto. Por un lado, impone costes de cumplimiento importantes, sobre todo a las pymes que no siempre cuentan con los recursos necesarios. Por otro, estructura el mercado y refuerza la credibilidad de los actores comprometidos.

Un estudio reciente de Deloitte indica que el 68 % de las empresas europeas ven la conformidad ESG como un factor diferenciador. Al alinearse con estas nuevas normas, no solo satisfacen las expectativas de consumidores e inversores, sino que también se preparan para competir en mercados más exigentes.

Así, lejos de ser una limitación, el marco legal puede convertirse en un verdadero motor de innovación, siempre que se integre estratégicamente.

La presión social: los consumidores impulsan la transformación

El mito del consumidor pasivo ha quedado atrás. Las nuevas generaciones—especialmente los Millennials y la Generación Z—esperan que las marcas encarnen valores auténticos. Según una encuesta de EY realizada en 2025, el 78 % de los consumidores europeos están dispuestos a pagar más por productos sostenibles y éticos.

Este cambio de mentalidad provoca un efecto dominó. Las empresas que no se adaptan pierden rápidamente credibilidad, y las acusaciones de greenwashing (lavado verde) pueden dañar seriamente su reputación.

La autenticidad se ha convertido en la clave. Las promesas deben traducirse en acciones concretas: materiales sostenibles, condiciones laborales justas, inclusión, transparencia en la cadena de suministro. Las redes sociales amplifican los errores y premian la coherencia.

En este contexto, los sellos certificados, las auditorías externas y las plataformas de trazabilidad son herramientas indispensables para ganarse la confianza del público.

Tecnología ética: inteligencia artificial y responsabilidad

La ética no se limita a lo ambiental o social, también se extiende al ámbito tecnológico. Con el auge de la inteligencia artificial responsable, las empresas deben garantizar la equidad algorítmica, la protección de datos y la ausencia de sesgos discriminatorios.

La ética algorítmica es especialmente delicada en sectores como la salud, las finanzas o los recursos humanos. Un mal diseño de un sistema de IA puede generar discriminaciones sistemáticas o incluso demandas legales.

Afortunadamente, existen herramientas para evaluar el impacto social de la tecnología, desarrollar IA explicable e integrar comités éticos en los procesos de diseño. Surge así el concepto de gobernanza tecnológica, un nuevo campo que combina innovación, derecho y responsabilidad.

Las empresas que incorporan estos principios desde la fase de diseño obtienen una ventaja competitiva sostenible. Inspiran confianza y atraen tanto a talento como a clientes e inversores cada vez más exigentes en términos de ética digital.

¿Cómo integrar la ética en el modelo de negocio?

Aunque la ética es hoy imprescindible, aplicarla no es tarea sencilla. A continuación, algunas palancas prácticas para implementar una estrategia ética sin perder rendimiento:

1. Adoptar una gobernanza transparente

  • Integrar indicadores ESG en los comités ejecutivos

  • Publicar y verificar los resultados no financieros

  • Crear un comité ético o un cargo de Chief Ethics Officer

2. Auditar la cadena de valor

  • Identificar zonas de riesgo (trabajo forzado, contaminación, corrupción)

  • Colaborar con proveedores certificados

  • Establecer sistemas de trazabilidad

3. Asegurar una tecnología responsable

  • Usar bases de datos representativas y sin sesgos

  • Involucrar a las partes interesadas en el diseño de IA

  • Realizar auditorías de impacto tecnológico

4. Capacitar y sensibilizar internamente

  • Ofrecer formación continua en ética profesional

  • Incluir la ética en las evaluaciones de desempeño

  • Fomentar una cultura de denuncia y retroalimentación

5. Co-crear con las partes interesadas

  • Dialogar con ONG, empleados y consumidores

  • Organizar paneles ciudadanos o consultas públicas

  • Explorar modelos como empresa B o de propósito

En un momento en el que los riesgos de greenwashing se multiplican y la polarización política sobre los temas ESG se intensifica, adoptar un enfoque estructurado y estratégico es esencial. La ética no debe ser una capa cosmética, sino el eje vertebrador de la organización, capaz de resistir crisis y críticas.

Justamente, esta es la visión que desarrolla Léwis Verdun en su libro La era del negocio ético: ¿revolución o moda pasajera?. A través de ejemplos concretos, datos actualizados y un análisis riguroso, guía a los líderes hacia una comprensión profunda de los cambios actuales en el mundo empresarial.

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